martes, diciembre 06, 2005

La evolución es una teoría

En teoría, la teoría es igual a la práctica. En la práctica no lo es.

En el uso cotidiano, la palabra ‘teoría’ ocupa un lugar intermedio entre el hecho concreto y seguro y la especulación sin fundamentos. Para un científico, en cambio, el significado está en las antípodas: representa el conocimiento más acabado y actual de la cosa que estudia. Por eso, cuando uno habla de la teoría de la evolución, con la palabra teoría no está avisando su equivocación prematura o que, en definitiva, que en la práctica las cosas serán distintas a lo que dice; lo que afirma es que lo que tiene entre manos es el mejor conocimiento disponible, que existe gran cantidad de datos que sustentan las hipótesis, que hay varias ideas funcionando bien de forma simultánea, que otros campos del conocimiento son compatibles con las ideas formuladas y que el hecho de la evolución es compatible con otros hechos pertenecientes a diferentes niveles de la realidad. Dice que está estudiando un suceso real, observable y comprobable. Pero lo que asegura, fundamentalmente, es que es capaz de modificar ese conocimiento, en todo o en parte, cuando se presente alguna evidencia que lo contradiga.

La teoría de la evolución es compatible tanto con la química y a través de ella con la física, como con la geología (el ejemplo de colaboración interdisciplinaria entre la evolución y la geología es, a mi juicio, uno de los más hermosos que ha dado la ciencia). Ninguna otra teoría científica ha acumulado tantos datos favorables (es decir, informes acerca de los hechos) como la teoría de la evolución, aunque esos informes a veces sean indirectos como el registro fósil. (También son indirectos los datos acerca del desplazamiento de los electrones en los sólidos y, sin embargo, la tecnología del estado sólido no deja de sacar inmensos dividendos.)

Por eso, enrostrarle a un científico que la teoría de la evolución es sólo una teoría es como decirle a un músico que la 9ª Sinfonía de Beethoven es sólo una sinfonía.

Para seguir leyendo sobre evolución:

lunes, noviembre 28, 2005

Autismo y falsedad del relativismo cultural

El posmodernismo es una mezcla de neomarxismo, constructivismo, desconstruccionismo y subjetivismo. Aunque no existe un paradigma dominante entre estas tendencias, todas comparten el desprecio por la razón y la ciencia y concuerdan en la tesis relativista que asevera que no existen verdades universales sino relativas al individuo o acuerdos intersubjetivos dentro de grupos sociales.

Afirma que no existen verdades universales pero a la vez pretende la universalidad de dicha aseveración. Asegura que las ciencias son unas construcciones sociales que no se distinguen de otras narraciones, e inmediatamente se trepa a un contradictorio plano de superioridad que proyecta como trasculturalmente “verdadero”, superior a cualquier mito. A pesar de las claras diferencias epistemológicas entre las ciencias y las tecnologías, el relativismo las ubica en un impreciso campo que llama tecnociencias, término que responde más a sus intereses que a la realidad. Calcando el discurso de moda en las universidades norteamericanas y francesas, tiene la desfachatez de acusar a los científicos vernáculos de ser funcionales al imperio, sin mostrar siquiera un burdo bosquejo de prueba.

Impulsado por una suerte de paranoia neomarxista, el relativismo cultural equipara lo externo con el enemigo y se cierra en un exacerbado regionalismo en el que únicamente lo local es bueno y seguro. De esta manera es posible empezar a comprender el nazismo de Martín Heidegger y el apoyo de Michel Foucault a todas las corrientes autoritarias de su época. No podría decirse que los valores del relativismo “atrasen”, como a veces se afirma, respecto de los que componen el ethos mertoniano de la ciencia, pero sí que son incompatibles.

domingo, noviembre 20, 2005

El conocimiento nos hará libres

ARP - Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico, por medio de su blog para el Avance del Pensamiento Crítico promueve el siguiente manifiesto que, demás está decir, suscribo punto por punto.

El texto tiene algunas puntualizaciones localistas (ARP-SAPC es una asociación española), sin embargo, me parece que a un lado de los nombres puntuales, toda hispanoamérica está sumergida en la problemática cultural que el manifiesto denuncia.

Manifiesto por la cultura veraz

La evolución de la sociedad depende de su cultura y, en nuestros tiempos, buena parte de la cultura depende de los medios de comunicación. Los medios de comunicación deben, por tanto, presentar la realidad de forma correcta, utilizando los hechos y razonando a partir de ellos. Evidentemente, los razonamientos relativos a la política, a las actuaciones de los gobiernos son incompletos y su análisis suele llevar incorporada una componente subjetiva dependiente de la persona que realiza el análisis. Sin embargo, cuando se seleccionan los hechos y se mezclan con la finalidad de obtener una conclusión, el resultado es manipulación.

Cuando hablamos de otro tipo de conocimientos como los históricos, los técnicos o los científicos, la actitud ante los hechos cambia: la ciencia, la tecnología, la historia o la lingüística se basan en el análisis sin prejuicios de los hechos. Pero, de igual forma que debe analizarse sin prejuicios tampoco debe hacerse desde la especulación. Los métodos que han desarrollado las distintas ramas del conocimiento han permitido, permiten y permitirán que nuestro conocimiento crezca.

En los últimos años hemos ido descubriendo cómo muchos medios se desviaban hacia la manipulación política, hacia programas pseudocientíficos que no sólo no aportan cultura a la población sino que la proveen de datos o análisis manifiestamente erróneos o contrarios a los hechos conocidos, de los que se deducen teorías claramente y evidentemente falsas. Estas falsas especulaciones basadas en datos seleccionados y manipulados son una de las fuentes de la incultura.

La mayoría de los medios de comunicación han caído en la creación de programas o secciones pseudoculturales o pesudocientíficas: secciones de ocultismo o astrología, programas pseudocientíficos o documentales pseudocientíficos. En estas secciones y programas no se salva ninguna de las ramas del conocimiento. Así, asistimos a programas que manipulan la historia, periódicos que le dan pábulo a las predicciones de los astrólogos no sólo en secciones sino también en artículos, pseudohistoriadores que falsean o se inventan datos para obtener beneficios, programas televisivos que con el fin de crear un misterio son capaces de obviar la realidad.

En este contexto es en el que nació hace breves fechas un nuevo canal, el Canal 4. Muchas personas esperábamos un canal que no cayese en estos vicios comunes en la mayor parte de los medios de comunicación. Sin embargo hemos podido que no sólo no es así, sino que en este canal aparecen varios programas pseudocientíficos plagados de mentiras, falsos datos o especulaciones más que surrealistas. Hemos visto un programa dirigido por una de las más grandes figuras actuales de la pseudociencia: Iker Jiménez, centraba su programa en el desconocimiento. Hemos visto cómo inventaba datos o los interpretaba desde el desconocimiento o desde el conocimiento manipulado.

Es comprensible que una nueva cadena necesite presentar programas que atraigan y fidelicen audiencia pero esto no debe de hacerse a cualquier precio: el fin nunca ha justificado los medios. Un canal que nace con vocación de formar e informar no puede ni debe tener este tipo de programas. Un programa en el que se afirma que el hombre nunca llegó a la luna y simultáneamente se afirma que el Apolo 11 en su viaje a la luna detectó un OVNI por parte de una persona que, simultáneamente afirma en uno de los alunizajes se descubrieron construcciones alienígenas no sólo no debería tener ningún tipo de crédito sino que debería de ser fulminantemente eliminado de la programación.

En este país tan carente de formación científica, con una clara pérdida de cultura media en la población y con una carencia crónica de programas de divulgación del conocimiento entretenidos, la existencia de este tipo de programas no sólo no incrementa lacultura media de la población sino que la disminuye a través de datos erróneos o de especulaciones absurdas. La finalidad de este mundillo de lo misterioso, lo paranormal, la ciencia alternativa o la medicina alternativa necesita de una población desinformada para obtener de ella lo que pretende: beneficios económicos.

En estos programas habría que recordar el principio de economía que enunció Hume hace mucho tiempo y que puede resumirse como: afirmaciones extraordinarias necesitan pruebas extraordinarias. ¿Qué significa esto?. Si en uno de estos programas se afirma haber visto una vaca no hace falta aportar prueba ninguna pues nadie va a dudar de tal hecho dado que es cotidiano. Si se afirma que se ha visto una vaca corriendo a 60 km/h pues es necesario aportar pruebas pues, probablemente, esa vaca sea la que tiene el récord de velocidad vacuno. Si lo que se afirma es haber visto a una vaca volando por sus propios medios pues entonces hay que aportar pruebas extraordinarias para tal afirmación. Así se ha comportado siempre el avance del conocimiento.

Una frase para la reflexión sería: "el conocimiento os hará libres".

Por estos motivos este manifiesto pide a los medios de comunicación:
1. La eliminación de programas pseudocientíficos.
2. La creación de programas culturales entretenidos: de historia, ciencia, tecnología o cualquier otra rama del saber.
3. La eliminación de secciones basadas en la superstición: astrología, cartomancia o cualquier otra superstición.
4. El asesoramiento o supervisión en materias relacionadas con el conocimiento por parte de expertos externos e independientes en las correspondientes materias.
5. Que se separen los hechos de las opiniones o especulaciones propias del conductor del programa o la sección correspondiente.

viernes, noviembre 04, 2005

Evolucionismo vs. creacionismo: tres libros on-line

El argumento que la evolución debería pensarse como una 'teoría, no como un hecho' confunde el uso habitual de estas palabras con el uso científico. En ciencia las teorías no se convierten en hechos por medio de la acumulación de evidencias... las teorías son los puntos finales de la ciencia. En este sentido, la evolución es una de las teorías científicas más poderosas y útiles con las que contamos.

Science and Creationism: A View from the National Academy of Sciences


Irracionalismos los hay de varios tipos no excluyentes: posmodernismo, religión, misticismo oriental, etc. y si bien es dificil extraer una caracterización particular que los mida, todos coinciden en obstaculizar el acercamiento a la ciencia, exponente máximo del pensamiento racional.

La batalla entre el evolucionismo y el creacionismo es uno de los ámbitos actuales en el que los contendientes están en pugna por captar la atención del público, pero mientras que al oscurantismo religioso le alcanza salir en los medios de comunicación para convencer de forma rápida y emotiva, a la ciencia le son necesarios espacios más calmos y la plena atención de los receptores, quienes, además, deben estar dispuestos a pensar. Porque para comunicar el conocimiento científico no hay que convencer sino demostrar, y para demostrar primero hay que saber. Los libros que enumero a continuación nos introducen en el campo de la ciencia de la evolución biológica, espero que los disfruten.

Los libros

The National Academies acaba de hacer una re-edición de tres libros fundamentales para la enseñanza de la evolución en las aulas. Los precios de la edición en papel son un verdadero regalo (34.16 dólares por el conjunto); sin embargo, la institución pone a disposición de todo el mundo la versión libre y gratuita en formato pdf de los tres volúmenes:

Science and Creationism: A View from the National Academy of Sciences, Second Edition: Breve y claramente este libro explora la naturaleza de la ciencia, revisa la evidencia del origen del universo y la Tierra y explica el conocimiento actual de la evolución biológica. Establece inequívocamente que el creacionismo no tiene lugar en ningún currículum científico en ningún nivel.

Teaching About Evolution and the Nature of Science: Escrito para docentes y padres. Este libro describe cómo la evolución revela tanto la gran diversidad como la similaridad entre los organismos de la Tierra; explora cómo los científicos abordan el tema de la evolución e ilustra la naturaleza de la ciencia como una forma de examinar el mundo natural.

Evolution in Hawaii: A Supplement to Teaching About Evolution and the Nature of Science: Siguiendo los pasos de las vías evolutivas en Hawaii, este libro ilumina los principios generales de la biología evolutiva y ofrece poderosas conclusiones acerca de la ocurrencia de la evolución, sus mecanismos y sus cursos. Este libro práctico ha sido específicamente diseñado para estudiantes de secundaria para brindar un conocimiento más profundo de la evolución utilizando ejercicios con datos genéticos reales.

Todos en: Tools for Understanding Evolution (National Academy of Sciences, 3 book set)

jueves, octubre 27, 2005

Los límites de la objetividad

Siempre se ha pretendido limitar la objetividad en tanto instrumento racional del entendimiento del mundo. En mi opinión no han podido lograrlo. Félix Gustavo Schuster en “Los límites de la objetividad en las ciencias sociales” hizo un nuevo intento, pero algunas impresiciones conceptuales invalidan en gran parte su trabajo.

El artículo transita páginas de letra apretada y, sin embargo, no es posible encontrar una definición precisa del término ‘objetividad’, ni siquiera una mención clara de su conjunto de referencia. De todas maneras, Schuster distingue objetividades de dos tipos, la objetividad 1 (O1) que caracteriza como “... la objetividad propia de las experiencias de laboratorio...”; y la objetividad 2 (O2) que es aquella “... que resulta de la conexión de estas experiencias –las de tipo O1– con el propio investigador, con la ciencia dentro de la cual se realizan, con la ciencia general y con la sociedad que las ha promovido y en la cual se efectúan”.

La caracterización de O1 es por lo menos ambigua, por serlo su referente. Las “experiencias de laboratorio” son un conjunto de conductas de un grupo de seres humanos reunidos en un recinto especial. Es decir, asigna la objetividad a propiedades de unos sistemas concretos, al mundo y no a los instrumentos gnoseológicos (conceptos, proposiciones o teorías). Pero Schuster también podría referirse a los resultados de tales experiencias, o a los estados mentales en los que quedan los investigadores.

La caracterización de O2 es baga. Lamentablemente, en el artículo no nos dice que cosa resulta de una conexión ni de que tipo es dicha conexión.

Más adelante, el autor asegura que:

“... el ideal de la objetividad consiste en someter las creencias al test de criterios independientes e imparciales; como actitud científica, la imparcialidad es la aceptación de los controles que constituyen las reglas de juego de la ciencia y son transmisibles por instituciones científicas”.

Más allá de confundir los resultados de las investigaciones científicas con meras creencias, la objetividad deja de ser ya una propiedad de ciertas conductas humanas para convertirse en conductas humanas. Este cambio de referentes necesariamente transforma al objeto definido. En el párrafo citado ya no se está hablando de lo mismo que al principio.

La definición de imparcialidad es, según nuestra definición, subjetiva, porque requiere de un pensador que acepte (o no) los controles. Reduce Schuster la imparcialidad de un criterio a la parcialidad del capricho de una persona suficientemente poderosa. Está claro que si se admiten definiciones de este tipo, tarde o temprano se llegará al relativismo propuesto por Kuhn y su maestro Feyerabend. Pero no tenemos por que aceptarlo, y hay muy buenas razones para ello. Una es, claro, que la ciencia no se maneja mediante los códigos propuestos por Félix Schuster.

miércoles, octubre 26, 2005

De Sarmiento a la posmodernidad

Desde hace unos años el tema da vueltas en las redacciones. Cuando los aspirantes al ingreso a la Facultad de Ciencias Astronómicas y Geofísicas de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) fracasan en la evaluación de diagnóstico, cuando llegan informaciones de que en la Universidad Nacional de Rosario los talleristas son incapaces de superar la Instancia de Confrontación Vocacional, en la que deben aprobar exámenes básicos de química, biología y anatomía, ocurre el revuelo y hay una semanita de muchos dimes y te dirés sobre el tema, hasta que surgen noticias de verdadera importancia. A esta altura, en la parte final del ciclo anual todavía estamos a tiempo para mejorar la instancia del próximo año, aunque sospecho que la historia volverá a repetirse, porque el tema se asienta en las más profundas bases de la degradación cultural.

Que la decadencia se empiece a notar en las ciencias y las tecnologías científicas no es una casualidad. El ocaso cultural argentino comenzó en el golpe militar de Uriburu en la década del ’30. Luego, en los ’60 llegó de Estados Unidos una moda que cundió entre los intelectuales vernáculos, tanto de derecha como de izquierda e incrementó la pendiente. El máximo esplendor lo alcanzaron en la década corrupta y hoy, aunque el neoliberalismo está cada vez más lejos de las pampas, cátedras de prestigiosas Facultades siguen respirando el aliento posmoderno. Porque el posmodernismo, digámoslo de una vez, se da la mano con cualquier patrón ideológico.

Aunque la mayoría pasó sin pena ni gloria, algunos de estos pensadores se enquistaron en los círculos del poder académico y no pierden oportunidad de verter ponzoña oscurantista en las venas del Estado, cuyos funcionarios, ávidos de sabiduría superficial al paso, ayudan a diseminar.

Niegan que el progreso sea posible o que la verdad exista. Para ellos la verdad es una simple etiqueta adherida a un texto y en consecuencia no admiten que alguien pueda buscarla y encontrarla; mucho menos que poseerla sea una circunstancia del progreso. Como el asunto de las ciencias es la búsqueda y difusión de la verdad, los métodos del establishment intelectual argentino lograron asestar un duro golpe a las disciplinas científicas, cada vez más lánguidas.

Para ellos, el dislate de un astrólogo por televisión a las tres de la tarde tiene el mismo valor que la publicación del trabajo de un astrónomo de la UNLP, el psicoanálisis vale lo mismo que las neurociencias, la cura chamánica igual que la medicina de transplantes. Entonces, si todo vale, ¿para qué fomentar el desarrollo de la ciencia?, mejor que los científicos vayan a lavar los platos.

El desprecio por la ciencia y la investigación básica medra la educación en su conjunto. Quienes ingresan a los establecimientos educativos no especializados, en cualquiera de sus niveles, tanto públicos como privados, tienen gran probabilidad de salir analfabetos científicos. La sociedad no sabe qué es la ciencia, en consecuencia no la aprecia y muchas veces le teme. Una de las secuelas es que los maestros, por más pedagogía que aprendan, nunca podrán transmitir bien los conocimientos científicos porque les falta la sustancia fundamental.

El moño antes que el regalo, convencer antes que demostrar, análisis de discurso antes que de contenidos, son otras características de la filosofía “relativa”. Las propuestas usuales de la Dirección de Escuelas de la provincia de Buenos Aires es que los educadores participen en capacitaciones sobre las nuevas modalidades pedagógicas y técnicas para transmitir conocimientos. Nuevamente, el texto antes que el contenido o, en palabras a la moda, el significante antes que el significado. No se da cuenta el Estado provincial que en un desierto ni el mejor bombeador puede sacar agua, que se obtiene fresca y cristalina de un aljibe con un balde y una cuerda.

Con el sistema educativo nacional hundido “necesitamos hacer de toda la República una escuela. ¡Sí!, donde todos se ilustren y constituyan así un núcleo sólido que pueda sostener la verdadera democracia”, escribió Domingo Faustino Sarmiento.

martes, octubre 25, 2005

Estructura de las revoluciones científicas

Leo de E. Recami et al. en Ciencia Hoy 5: 30, 56; Taquiones, (Cuadro: La revolución filosófica de Einstein).

Muchos han hecho notar ya que el pensamiento científico avanza por generalización: [no por revoluciones] las viejas teorías se convierten en casos particulares de las nuevas, que resultan más abarcadoras. Así fue, justamente, la revolución provocada en la física por Albert Einstein. Con el advenimiento de la relatividad especial, la mecánica de Galileo y de Newton no fue descartada, pero perdió su universalidad y quedó claro que sus posibilidades de aplicación se restringen a situaciones en las que las velocidades relevantes son pequeñas comparadas con la de la luz.

Einstein:
“La tarea del científico es alcanzar las leyes elementales universales, a partir de las cuales construir el cosmos sobre la base de la pura deducción. No llega a ello por un camino lógico, sino sólo por la intuición. Su esfuerzo cotidiano brota directamente del corazón.”

Que podríamos completar con una cita de Richard P. Feynman que ya publiqué alguna vez:

Si no concuerda con el experimento está mal. En esta sencilla afirmación está la clave de la ciencia. No importa cuán hermosa sea su especulación. No importa cuán inteligente sea usted, [...] si no concuerda con el experimento está mal. Y eso es todo.

Objetividad

Cuando saco una fotografía obtengo una representación de la realidad que es aproximadamente verdadera. Sin embargo, si busco detalles cada vez menores llegará el momento que se romperá la correspondencia. Y es natural que así ocurra, porque referente y referencia son objetos de naturaleza diferente.

Una fotografía color tendrá una correspondencia mayor, una mejor adecuación con el paisaje, que una blanco y negro. Es decir, la primera será más verdadera que la segunda. Sin embargo, ambas son igualmente objetivas, porque las dos representan un objeto que existe independientemente de ellas, de quién las obtuvo y de quién las admira. Lo mismo vale, mutatis mutandis, para las formulaciones del mundo.

La realidad existe independientemente de seres inteligentes que puedan registrarla o "interpretarla". Como decía Bertrand Russell: “El Universo existía mucho antes de que la humanidad existiera y seguirá existiendo mucho después que aquella se extinga”. Todo objeto real es un sistema material o bien parte de él, cuyo comportamiento, estructura y composición están regidos por leyes cognoscibles, aunque tal conocimiento sea parcial y tengamos que estar permanentemente corrigiéndolo. Esta postura filosófica se conoce con el nombre de realismo materialista y conforma la base axiomática de esta discusión.

Debe ponerse énfasis en la diferencia de nivel (epistémico) entre la realidad y las teorías. La primera está compuesta de sistemas materiales, sean ellos átomos, sociedades o galaxias; mientras que las segundas son sistemas conceptuales, inventados para conocer los objetos reales y las leyes que los rigen.

Un concepto es objetivo si, y sólo si, existe una regla que le asigna una propiedad, evento o proceso del objeto real. Una teoría es objetiva si los conceptos que liga son objetivos. Por su parte, un concepto será subjetivo si incluye la necesidad del sujeto que piense dicho concepto.

Las sentencias subjetivas requieren la participación del sujeto en ellas, no obstante cuando se habla de capacidades o características de otra gente, las expresiones pueden ser objetivas. Por ejemplo, la sentencia “Las personas de Buenos Aires no exceden el metro y medio de estatura” es objetiva. Sin embargo, es falsa. Es objetiva porque los conceptos involucrados (persona, Buenos Aires y estatura) tienen referentes reales. (El concepto de persona es uno que se actualiza para cada uno de los individuos de Buenos Aires –gente real, de carne y huesos–. La actualización es verdadera para Alejandra, pero falsa para Facundo.)

En cambio, “El amor es un atributo de los seres humanos” es una frase subjetiva. Pero no porque hable de amor, que es un proceso que se da en el sistema límbico, lo que implica, según la definición, que el concepto de “amor” es objetivo; ni de “seres humanos”, que en este caso, vistos desde afuera, son objetos y no sujetos, sino porque habla de “atributo”. Implícitamente establece la necesidad de un pensador (sujeto) que atribuya la capacidad de amar a los seres humanos (objetos). Para volverla totalmente objetiva, la afirmación anterior podría transformarse así: “El amor es una característica de los seres humanos”. En este caso la sentencia no depende de ningún pensador particular.

Conclusiones. La objetividad no es una propiedad del mundo (e.d. de los sistemas materiales, sus eventos, procesos o estructura) sino de los artefactos teóricos creados para su entendimiento. Por eso el enunciado “el átomo es objetivo” carece de sentido, pero lo adquiere plenamente en “el concepto de átomo es objetivo”.

¿Es el posmodernismo un cuento de niños?

¿Usted cree en Papá Noel? No, no se ría, de verdad le pregunto. Y si no cree ¿por qué no cree? ¿No sabía Ud. que en el mundo hay muchísimas personas que creen en Papá Noel? Su hijo, su sobrinito o su nieto, ¿acaso no creen?

Hay millones de chicos en todo el mundo que cada Noche Buena esperan sinceramente a un barrigón barbudo, vestido de rojo y con un gorro de pompón blanco. Miran al cielo para ver un trineo volador tirado por renos voladores que hacen sonar cascabeles y que tienen la obligación de visitar 822.2 casas por segundo para llegar a tiempo.

Le cuento. Resulta que hay una moda en filosofía que dice que el único requisito para que algo exista es que haya un montón de personas que crean en ese algo. Y la inversa también es válida: según estos fashion de la filosofía, si una cultura ignora o no cree algo, ese algo no existe.

Entonces, Papá Noel ¿existe o no existe? La existencia no es una propiedad relativa de las cosas. Lo que quiero decirle es que una cosa está en este maltrecho Universo o no está, no hay otra. Ser o no ser, como decía Shakespeare, esa es la cuestión. No se puede existir para unos y no para otros. Lo que uno puede hacer es esconderse, como hacía mi tío cuando venían los acreedores, pero escondido y todo uno sigue existiendo.

Ahora que me acuerdo de mi tío, resulta que al tipo un día se le dio por escuchar a Alberto Cortés. Al día siguiente ya quería construir castillos en el aire y volar como las gaviotas. Enseguidita decidió no creer más en la ley de la gravedad; porque mi tío sería de pensamiento corto, pero las decisiones las tomaba rápido. Digo: Como pertenecía a la cultura de los que no creían en la ley de gravedad, entonces la ley de gravedad no actuaba sobre él. Los fashion de los estudios culturales lo aplaudieron a rabiar.

Mire que mi tía le insistió, le rogó, le tiró de la manga del saco, pero él nada; cuando se le metía algo en la cabeza no había quién lo hiciera cambiar. Fue y saltó por la ventana no más. Vivía en el piso 12. El otro día lo fui a visitar... al cementerio. Después del salto el ñato dejó de existir, incluso para los acreedores.

Mi tía quedó desconsolada. Tanto, que al poco tiempo empezó a ir a un psicoanalista. Pero los psicoanalistas en general son muy afectos a lo que dicen los fashion, entre otras cosas porque vienen de Francia, como Freud, Lacán y las cigüeñas.

Le decía: el psicoanalista de mi tía era más que moderno, era posmoderno. Y le insistía que si no podía soportar el hecho que mi tío estuviera muerto, que se mudara a una cultura en la que todos creyeran que estaba vivo. Al fin y al cabo, le decía el psicoanalista, la historia es un discurso construido y no una concatenación de hechos; que por otro lado no existen, salvo como un ideal que permite hablar de ellos como dijo Rorty, le aseguró casi sin respirar el psicoanalista a mi tía.

Ella, que no creía en Rorty ni en Papá Noel, ni en Freud ni en las cigüeñas que vienen de París, se cansó de tanta palabrería hueca, se levantó, le encajó un paragüazo en el marote y se fue. Pero desde la puerta le sugirió que construyera un discurso que dijera que el chichón le quedaba lindo y que ella le había pagado la consulta, cosa que nunca hizo, porque mi tía es de las que no se dejan estafar por los charlatanes.

Habráse visto, protestaba mi tía mientras caminaba bien pegadita a los edificios porque llovía y el psicoanalista le había roto el paraguas. Mirá que venir a decirme que la historia es una construcción cultural, se repetía indignada.

Yo no sé cuales fueron los motivos reales de su enojo, pero me parece que la ñata tiene razón. Si existen dos versiones opuestas acerca de un mismo hecho, ¿las dos están en lo cierto? Los filósofos fashion dicen que sí, que no existen los hechos objetivos, que lo que es cierto para una cultura puede no serlo para otra y que el saber de ninguna cultura es superior al de otra. Por ejemplo, ellos dicen que aquellas culturas que creían que la Tierra era plana tienen tanta razón como las que creen que es aproximadamente esférica.

Entonces, si los hechos objetivos no existen, ¿la muerte de millones de nativos durante las invasiones españolas es sólo una creencia verdadera en algunas culturas y falsa en otras? ¿no son objetivas las muertes y las torturas que sufrieron miles de argentinos durante los años de plomo? ¿tienen tanta razón los que dicen que los muertos por la dictadura no llegaron a 300 como los que dicen que fueron más de 30 mil?

¿Qué pasaría si a alguien se le ocurre decir, por ejemplo, que no hay que prevenirse del virus del SIDA porque el HIV sólo es una creencia de los médicos? ¿Y que pasaría si el que lo dice es un influyente pensador fashion, que no sólo convence a psicoanalistas sino también a políticos encargados de la salud?

José Pablo Feinman es un escritor y filósofo argentino que admira la obra de Heidegger, quien aparte de haber sido un nazi no arrepentido, fue el abuelo intelectual de esta moda filosófica que viene pegando fuerte en los centros de pensamiento humanista latinoamericanos. Feinman también es un referente filosófico del presidente de la Nación.

Nacha Guevara en la década corrupta, desde el canal estatal escribía frases con rouge en un espejo y decía que el mero hecho de creer en ellas hacía que se cumplieran. Nacha llegó a ocupar un cargo público en un área cultural.

Qué relación tiene todo esto con Papá Noel no sé. Podría preguntárselo a mi tía que sabe mucho de estas cosas, pero ella sigue llorando al ñato, que fue otra víctima del posmodernismo.

Adicción al psicoanálisis

El 43% de los argentinos fuma y si yo le preguntara si fuma, aunque Ud. no lo hiciera no se ofendería. En cambio, si le pregunto si se droga con cocaína la cosa toma otro color, fundamentalmente porque esta droga no tiene la aceptación social que tiene el cigarrillo. Pero hay más diferencias entre ellas: El tabaco provoca mayor cantidad de muertes y enfermedades que la cocaína, simplemente porque los fumadores pueden ejercer su adicción libremente y, en consecuencia, son más los que tienen acceso y lo pueden hacer más a menudo y en cualquier lugar. No estoy defendiendo el consumo de cocaína, no estoy loco; el punto es la aceptación social, fenómeno que también se da con el psicoanálisis.

Mudando papeles me encontré con un viejo artículo que apareció en la revista Ñ reforzando la aceptación social hacia otro tipo de prácticas, que en este caso no sólo perjudican el físico sino también la salud mental.

En la nota, la entrevistada con una desfachatez descomunal, respalda la ineficacia del psicoanálisis y defiende su falta de reglamentación legal. Se pone a favor de la economía neo liberal y dice que en cuestiones de salud mental también hay que desreglar, que la ausencia de ley es mejor que una legislación muy fuerte que proteja a los pacientes de los charlatanes (ella, claro, no los llama así, porque pertenece al clan). Lo que quiere, en definitiva, es que el Estado siga sin controlar el ejercicio del psicoanálisis a pesar de que está fuertemente entrometido en los sistemas públicos de salud mental.

¿Usted se psicoanaliza? Igual que con el cigarrillo la pregunta no ofende, ¿verdad? pero si le preguntara si intenta resolver sus problemas espirituales yendo al parapsicólogo, al curandero o a cualquier otro brujo, Ud. seguramente sentiría que estoy despreciando su inteligencia y se ofendería. Y no es para menos.

¿Pero se preguntó qué diferencia esencial existe entre un brujo y un psicoanalista? Brujos y psicoanalistas están al margen del conocimiento científico. El mismo Freud aconsejó a sus seguidores mantenerse al margen de la ciencia. Ambos cobran dinerales por técnicas que llevan años y que al final no dan ningún resultado; tanto unos como otros defienden esa ineficacia culpando al mundo, como lo hace Elisabeth Roudinesco en la nota de Ñ. Ambos grupos creen en fantasmas e intentarán curarlo apelando a ellos. Y tanto unos como otros pueden llevar a la muerte a un paciente que tenga una enfermedad mental grave como la depresión mayor.

Pero hay una diferencia fundamental entre ambas prácticas y es el perjuicio sanitario que producen. El psicoanálisis es más perjudicial que cualquier otro tipo de brujería. Y no es que esté defendiendo la parapsicología o las muchas formas de curanderismo. Ni por asomo, no estoy loco.

Como con el cigarrillo, acá también el punto central es la aceptación social del psicoanálisis. En la década del ’60 se puso de moda en la Argentina esta forma de macanear. Como toda moda fue y vino, pero en nuestro país nunca perdió el aura de prestigio. Mucha gente cree que son científicos y se resiste a salir de su engaño.

En algunos círculos sociales está de re-onda tener personal trainer y psicoanalista. Si no los tenés, no existís. Mi abuela le contaba sus penas al padrecito cura y gratis; Jesica, una amiga, hace como cinco años que no soporta pasar más de tres días sin analizarse y gasta un dineral cada vez que asiste a una sesión de terapia. Cuando la psicoanalista sale de vacaciones, Jesica me hace acordar a Pedro cuando le escondemos los cigarrillos.

Si Ud. quiere tirar su plata en charlas con los brujos no me preocupa, a menos que Ud. sea un maníaco-depresivo y el o la licenciada se resista a derivarlo a algún profesional de la salud que realmente sepa del tema.

Lo preocupante de la aceptación social del psicoanálisis es que los charlatanes convencieron a los políticos y lograron enquistarse en el sistema público de salud mental. En muchos casos obtuvieron puestos de poder. Se convirtieron en el establishment de la salud mental y no solo no curan sino que, además, no dejan curar.

Por eso, los políticos encargados de la salud mental deberían preguntarse por la eficacia de los métodos que se utilizan en los hospitales. Deberían cerciorarse que no se está engañando a los pacientes, que no se estén haciendo pasar discursos obsoletos por curas efectivas y deberían expulsar a los charlatanes con diván y todo, por más que hoy estén de moda y tengan buena prensa.

En cuanto a Ud., con su plata haga lo que quiera, pero a mí me parece que si desea cuidar su salud física no debería drogarse ni con cocaína ni con cigarrillos; y si, además, desea cuidar su salud mental, debería recurrir a buenos psicólogos, no a consultorios de psicoanalistas u otros curanderos de la mente.

lunes, octubre 24, 2005

Hechos y Noticias

Noticia es la información acerca de un hecho reciente y de interés general. Esta definición, simple sólo en apariencia, concatena los conceptos fundamentales de la noticia periodística: hecho, información y noticia. Sin embargo, así como la información necesita los requisitos de actualidad e interés para ser noticia, a esta última debe sumársele la publicación regular para convertirse en periodística. El punto importante aquí es, sin embargo, saber que relación guardan los hechos y las noticias, no en el sentido de veracidad sino como categorías ontológicas.

Los hechos son cambios de estado en sistemas materiales. Si el sistema es natural, por ejemplo la atmósfera, el suceso será natural, e.g., la emergencia de un ciclón. En cambio si el sistema es social, entonces ocurrirán acontecimientos sociales. Un hecho social es, por definición, la modificación del estado de al menos uno de los integrantes de la sociedad, efectuado por el cambio de estado de otro actor social o incluso por un elemento del entorno.

Por el mero hecho de cambiar, un sistema emite un abanico amplio de señales. Pero sólo aquellas detectadas y posteriormente decodificadas por seres humanos tendrán la oportunidad de convertirse en noticia, aunque no todas lo serán. Se llama información a este primer extracto de señales.

La noticia, subconjunto selecto dentro de la información tiene, por su parte, una doble modalidad. Por un lado es la portadora de información acerca de hechos, tanto sociales como naturales. Por el otro, en tanto modificadora de estados mentales y actitudes de las personas que se apropian de ella (tanto en la recepción como en la emisión), se constituye por derecho propio en un hecho social, y como tal tiene la capacidad de generar nuevos eventos sociales, sean estos nuevas noticias u otros hechos en contextos más amplios, por ejemplo manifestaciones multitudinarias.

Aunque relacionadas, estas dos facetas de la noticia son diferentes. La distinción permite establecer una separación entre los conceptos de “hecho” y “noticia”. Por lo general los hechos, aunque noticiables, no son noticia.

La noticiabilidad puede definirse en función de la cantidad de cambios o el potencial de modificaciones de actitudes de los actores sociales, vinculando así los hechos con la percepción subjetiva de ellos. De esta manera, la introducción en el seno de la sociedad de aquella información que hace que mucha gente hable de un evento o hecho social aumentará la noticiabilidad de este.

Al aplicar estas ideas a la noticia como acontecimiento social, podemos decir que ella, la noticia, será a su vez noticiable si produce el impacto suficiente para contribuir a su propagación en la sociedad, bien de boca en boca o bien porque varios agentes productores de noticias se hayan hecho eco.

SANTA TERESITA, UNA CIUDAD PARA VIVIR
El problema fundamental

Gris... sin sol emerge la mañana de los costeros. Gris. Un día más, uno sin sombras ni contrastes, mediano transcurrirá hoy... y mañana y pasado mañana. Gris. Calles rectas y angostas, como la imaginación. Edificios altos y cuadrados, sin césped, con ventanas –muchas ventanas– se agolpan contra la playa como gigantes curiosos, ladrones de los primeros y los últimos rayos de sol. De pronto un sobresalto. El corazón se acelera. Una emoción. Parece mentira pero allí está. Una chispa. Hay uno que llama. ¿Habrá quién responda?

—El problema —dice por radio la periodista— es que no se castra los pichicho... ’tonce hacen lo que tienen que hacer, o sea más perrito... ¡Ese es el problema fundamental de Santa Teresita!

El político invitado ríe, su risa se escucha al aire.

—Sí, bueno... nuestra administración está haciendo todo lo posible por erradicar este problema. El doctor De Jesús se ha comprometido personalmente en el tema.
—Sí, totalmente de acuerdo con vos —interrumpe adulona la periodista —Además, imaginate, cuando se juntan esas bandadas de perros en las esquina molestan a los turista. ¡Hay que castrarlos!
—¿A los turistas o a las jaurías?
—¿A las qué...? No... sí... A los perros.

La mañana se va haciendo mediodía. Los chicos comienzan a salir de los colegios y pronto llenan las veredas. Las calles son un desorden. Juegan, corren, se empujan.

—... Y bueno, son chicos —dice una señora a otra con menos paciencia, de cabello lacio, rubio y con una franja negra o marrón muy oscuro que lo divide en dos cascadas que casi tocan los hombros.

Hay autos grandes y hay autos grandes y caros. Los hay pequeños y despintados. Oxidados también hay. De todo hay. Los chicos se escurren por delante, por los costados, ¡por todos lados! Algunos suben a los autos. La mayoría, los de guardapolvos rotos, caminan. Como siempre caminan hacia los fondos, hacia “la parte de atrás” del pueblo. Están sucios y flacos. Sonríen, corren y ríen. Parecen contentos, salvo uno. Se refugia en las paredes con la mirada fija en un destino más cercano, el único al que tiene acceso.

Uno de los coches elegantes esquiva la montaña de residuos –que debe tener unos quince días–, pisa la cuneta y salpica.

—¡Guacho de mierda! —ruge el nenito. Una mezcla de ira y miedo estalla en sus ojos, pero las llamas se consumen enseguida. El conductor del auto lujoso no lo escuchó, como siempre, como nunca.
—¡Era De Jesús! —advierten los más grandes, para que se calle.
—¡Hijo de puta! —vuelve a gritar el nene, pero el auto ya se había perdido dos esquinas más allá, en algún lugar.

Metió la mano en un bolsillo, sacó un pañuelo deshilachado y se secó la cara y un poco los pelos. Bordeó los negocios vacíos, los locales vacíos y los negocios que pronto se convertirán en locales. Él no lo sabe, no le importa, pero así será. Cuando se queda solo, aislado del mundo, piensa en lo poco que falta para el sábado. Le habían prometido ir a la cancha. Jugaban el CADU (Club Atlético Defensores Unidos) contra el Social. Los dos venían de ganar, uno a “los de San Clemente” y el otro a “los de Mar de Ajó”. No importaban más precisiones, eran los de afuera. Los de acá, aunque sea en el fútbol y por casi dos horas, eran los propios, los que unían al grupo. Sobre todo ahora, que eran los mejores. ¿Por quién hinchar? Tampoco le importaba.

Quedaban pocas cuadras, pero las más jodidas. El asfalto se había acabado hacía rato. Hacía quince o veinte minutos que caminaba calles de arena y ahora llegaban las huellas. Todavía no se ven las casas. Sólo la de don Ramiro, al que el municipio no le debe haber pagado, porque sigue con los vidrios de la ventana rotos.

—¡Y don Ramiro! ¡¿Cuándo le pagan?! —pregunta.
—No sé, pendejo... no sé.
—¿Y la marcha? ¿Cómo salió?
—No me jodas, nene. No fue nadie. Ningún comerciante, ningún alumno, ni siquiera esos que están ahí en la Sociedad de Fomento. Ni siquiera los alcahuetes que están adentro del palacio municipal se plegaron al paro...
—¿Sabe que Juan me mojó con el auto?
—Y a mí que me importa. Jodete.

El nene se encogió de hombros y siguió camino. Unos perros salieron al encuentro. Eran muchos y flacos. Le corrían por delante y por los costados. ¡Por todos lados! Entonces se dio cuenta que el problema fundamental de Santa Teresita era la gran cantidad de perros sueltos.

Sistemismo, una opción preferible al externalismo y al internalismo

Ni mirarnos el ombligo ni echar culpas a todo el mundo, las actividades sociales son una fusión compleja de espontaneidad individual y causación social; y la ciencia, al ser una actividad social de pleno derecho, se encuentra regida por estos parámetros. Un simple “hago porque el contexto obliga” explica tan poco como el otro extremo: “soy libre de hacer lo que se me antoje”. Pero entonces, ¿cuál debería ser el marco apropiado para explicar el desarrollo de la actividad científica?

Externalismo

Es comprensible que los “externalistas” pretendan que la ciencia, tanto en sus contenidos como en las actividades de sus productores, esté completamente determinada por el entorno social. Les permitiría ignorar el talento de sus adversarios, la riqueza de los flujos de comunicación interna y hablar del funcionamiento de la ciencia sin comprender su discurso. A pesar de que muchos pregonan que el conocimiento del lenguaje de la tribu es importante, ninguno de ellos se esfuerza por conocer los códigos de comunicación interna de las comunidades científicas.

Sin embargo, si la actividad científica estuviera completamente determinada por sus interacciones con el entorno, no se explicaría cómo en la época de Galileo no fueron todos Galileos, o cómo Galileo no fue Bellarmino. O por qué Albert Einstein y Willard Gibbs publicaron exactamente la misma teoría sin conocer ninguno la obra del otro. Einstein, por ejemplo, era un joven judío-alemán que debía ganarse la vida en una oficina estatal de Suiza y no poseía experiencia ni estructura científica en la que respaldarse; Gibbs, en cambio, era un acomodado catedrático de una respetable universidad norteamericana y estaba en la cima de elite intelectual de la época.

Internalismo

A los “internalistas” no les va mucho mejor en su intento por describir la actividad científica. La ciencia, como toda actividad social, la desarrolla una comunidad antes que en una sociedad autosuficiente, por lo que su evolución no sólo depende de los mecanismos internos sino también de los vínculos con el entorno social que la cobija. Una visión netamente internalista no da cuenta de por qué se forman “componentes gigantes” alrededor de un tema dado o “mundos pequeños” de científicos que dan lugar a modas que muchas veces se evaporan tan rápido como llegaron. El internalista dirá que lo sustancial es el conocimiento científico producido; sin embargo, la investigación científica, en tanto actividad social, sesga el fondo de conocimiento acumulado por diversas presiones de índole extracientífica, sean éstas extra, inter o intracomunitarias; en consecuencia, si se desea conocer la evolución del pensamiento científico así como la estabilidad del sistema social que produce teorías científicas, no pueden ignorarse las relaciones entre cada comunidad científica con el exterior.

El problema de obtener una perspectiva coherente de la evolución del pensamiento científico sin caer en los errores del externalismo ni en los del internalismo y rescatar sus aciertos es difícil. No obstante es posible si se parte de una visión más amplia.

Sistemismo

La ciencia es un sistema concreto y como tal puede analizarse en una tríada: i) La composición, o conjunto de sus partes, que a su vez pueden ser complejas: científicos individuales, equipos de investigación, etc. ii) El entorno, que son las cosas que modifican a los actores o que resultan modificadas por ellos, pero que no pertenecen a la composición; el entorno, además, se divide en medio o entorno social y ambiente o entorno natural; y iii) La estructura, que es la colección de los vínculos entre actores, este caso los científicos, más el conjunto de los vínculos entre dichos elementos y el entorno; el primer tipo se llama endoestructura y el segundo exoestructura. A su vez, cada uno de los dos tipos de entorno define sendas categorías dentro de la exoestructura.

Las diferencias objetivas entre los vínculos pertenecientes a la endoestructura y los de la exoestructura son fundamentales para diferenciar la actividad científica del resto de las actividades sociales. Por ejemplo, la confección, publicación y lectura de papers es la vía más usual de comunicación dentro de las ciencias avanzadas actuales y conforma una de las principales componentes de su estructura interna (endoestructura específica), puesto que vincula a los científicos y los mantiene unidos generando nuevas instancias de vinculación en el quehacer científico. La divulgación científica, en cambio, es una relación entre la ciencia y su medio. Estos vínculos no pertenecen a la endoestructura sino a la exoestructura con el medio (ver cuadro) y además de circular por otros carriles, cumplen una función que no es la específica de la ciencia. En otras palabras, un científico será considerado como tal si produce conocimiento original y actual y lo publica en sus “círculos”, aunque no lo divulgue al resto de la sociedad.

El sistemismo es un marco conceptual más potente que sus alternativas porque no hace conjeturas rígidas y de tan largo alcance como ellos. Sus hipótesis se centran en las actividades mismas de los científicos y puede tomar los aciertos tanto del externalismo como del internalismo y rechazar sus errores.

jueves, octubre 20, 2005

Libertad de cátedra

Recorriendo bibliografía me reencontré con "La relación entre la sociología y la filosofía", de Mario Bunge. El tema por el que había llegado ahí es otro, pero al leer las conclusiones del capítulo 10 recordé el post anterior sobre la libertad.

La libertad debe estar asegurada en todos los ámbitos de la actividad humana pero en las Universidades, en tanto motores esenciales del desarrollo cultural, debe ser un tema sagrado. Sin embargo, como decía antes, la libertad hay que ganarla y no todos quienes a la sazón resultan protegidos de abusos políticos internos como externos a la institución hacen algo por defenderla. Comparto, claro, la idea de Bunge de que los charlatanes académicos deberían ser denunciados con todo rigor y energía, porque dentro de las universidades se cuecen los destinos intelectuales de los pueblos y con ellos enquistados en lugares de poder se pierde día a día la posibilidad de descubrir el universo. Tengamos pésimas universidades y recrearemos el medioevo. Y el posmodernismo, con su falsificación del conocimiento, con su intención de hacer pasar lo oscuro por profundo y lo superficial por conocimiento genuino ataca la búsqueda honrosa de la verdad.

El conocimiento superior debe protegerse de falsificadores y Bunge propone el siguiente

Cuadro de derechos y deberes intelectuales y académicos

  1. Todo académico tiene el deber de investigar la verdad y el derecho a enseñarla.
  2. Todo académico tiene el derecho y el deber de cuestionar todo lo que le interese, siempre que lo haga de modo racional.
  3. Todo académico tiene el derecho de cometer errores y el deber de enmendarlos cuando los detecte.
  4. Todo académico tiene el deber de desenmascarar patrañas, ya sean populares o académicas.
  5. Todo académico tiene el deber de expresarse en la manera más clara posible.
  6. Todo académico tiene el derecho de discutir cualesquiera concepciones no ortodoxas que le interesen, siempre que esas concepciones sean lo suficientemente claras para discutirse racionalmente.
  7. Ningún académico tiene derecho a presentar como verdaderas ideas que no puede justificar en términos de la razón o de la experiencia.
  8. Nadie tiene derecho a comprometerse a sabiendas en una industria académica.
  9. Todo cuerpo académico tiene el deber de adoptar y hacer cumplir las normas más estrictas conocidas del saber y el aprendizaje.
  10. Todo cuerpo académico tiene el deber de ser intolerante frente a la contracultura y la seudocultura.
Mario Bunge, 2000: La relación entre la sociología y la filosofía, Madrid, Edaf

sábado, octubre 15, 2005

El posmodernismo y la libertad

La libertad no es el ejercicio de lo que no está prohibido, sentenció gravemente el Soñador de universos posibles. Y cuando la clase estuvo en silencio, como si desgarrara un secreto profundo, con voz pausada pero potente agregó: La libertad está compuesta de sueños y de todas las acciones que optemos ejecutar para realizarlos.

Es por eso que la libertad no es gratuita ni está garantizada. Cada día millones de personas en todo el mundo luchan muy duro por conservarla, porque herirla de muerte cuesta muy poco: basta con cercenar la posibilidad de imaginar. La incomunicación o su expresión encubierta, la comunicación fragmentada propuesta por el posmodernismo, con su carga de brevedad, incompletitud superficial y urgente satisfacción de lo inmediato poda la arborización cultural de la gente y al diezmar ideales coartando fantasías nos convierte en personas más dependientes porque achica el futuro y cercena el campo de acción del que elegir.

La imaginación posmoderna, prisionera de un mundo artificialmente fragmentado resulta agobiada por la variedad propuesta por el Universo e incapaz de encontrarle regularidades huye atemorizada a guaridas homogéneas de aventuras sin sobresaltos. El posmodernismo, con su manojo de filosofías vulgares incapaces de explicar la riquísima variedad del mundo se consume dentro de los modestísimos límites de su lánguida imaginación. Y sin imaginación, la posmodernidad carece de las facultades necesarias para servir a la libertad del hombre.

viernes, septiembre 30, 2005

Suspensión temporaria

Estoy teniendo problemas con el ordenador y además vivo en un pueblito de un país subdesarrollado. Pido disculpas por no contestar, pero los dos hechos anteriores me lo hacen imposible: cualquier intento de reparación de la máquina tarda por lo menos 15 días.

En este caso parece que se trataba (y aún se trata) de la controladora de video. Mi vendedor la envió a la casa central (en Ciudad Autónoma de Buenos Aires, a 300km de mi casa) y tardaron 12 días en re-enviarla, pero ahora descubro que el problema continúa (es la tercera vez que escribo esto entre apagones de sistema) así que habrá que habrá que hacer el mismo procedimiento, pero sospecho que los tiempos no mejoren. Pues lo dicho: disculpas.

viernes, agosto 05, 2005

Posmodernismo en ¿astronomía?

En la página de BOINC Argentina que según reza en su feed es una página oficial de SETI@home, el proyecto de búsqueda de señales de radio emitidas por seres inteligentes extraterrestres, apareció un curioso post sobre astronomía cultural, astroarqueología, arqueoastronomía, etnoastronomía y astronomía antropológica.

SETI se destacaba por ser la alternativa racional a las idioteces ufológicas de búsqueda de vida extraterrestre. Sin embargo, el posmodernismo parece que viene pegando fuerte y ha logrado enquistarse también dentro del proyecto. El Lic. Alejandro M. López del Area de Astronomía del Planetario de la Ciudad de Bs. As. firma el post en el que asegura, entre otras cosas, que:

"...durante el siglo XX el mundo académico ha asistido al surgimiento de una nueva mirada sobre lo que los científicos hacen y sobre el universo que estudian. Esta nueva mirada no se ha limitado a señalar los aspectos subjetivos presentes en las más duras de las ciencias (incluyendo a la astronomía), sino que nos han mostrado que el mundo que queremos estudiar tiene un carácter menos absoluto de lo que pensábamos."
Claro, el Universo no existe, sólo las palabras que lo interpretan, escenario perfecto para que crezcan haraganes de lengua afilada y poco gusto por el estudio duro. Charlatanes sin vergüenzas que tienen el tupé de venir a decirles a los científicos como es el mundo que estudian sin haber agarrado jamás un libro de astronomía.

Dice López:

"Así [las nuevas "miradas"] han permitido, entre otras cosas, comenzar a pensar seriamente en las ciencias duras en relación con las culturas donde se originaron."
pero no se da cuenta que los posmodernos o sus variantes posestructuralistas relativistas, más interesadas en crear eslóganes convincentes que en entender la realidad (que para muchos de ellos no existe) no permiten pensar y mucho menos hacerlo seriamente. Primero porque desestiman la verdad y segundo porque no saben de qué va la ciencia. Lo único que le falta decir a López es que la astrología y la astronomía están en un pie de igualdad porque hay "culturas" que nunca llegaron más allá de ese saber y ahí sí, estamos completos.

Está claro, pero es una verdad de perogrullo, que el "ambiente" social es importante en el desarrollo científico, como lo es en cualquier otra actividad llevada a cabo por comunidades humanas. Pero de ahí a afirmar que el resultado de las investigaciones científicas dependa del entorno cultural es una falacia.

Luego "define" Astronomía cultural como una "vastísima área" que incluye "calendarios, observación práctica, cultos y mitos, representación simbólica de eventos, conceptos y objetos astronómicos, orientación astronómica de tumbas, templos, santuarios y centros urbanos, cosmología tradicional y la aplicación ceremonial de tradiciones astronómicas". Estos campos de conocimiento tal vez sean respetables (aunque los antecedentes me ponen alerta), pero no son astronomía; López confunde el objeto de estudio de esa ciencia con la historiografía de un puñado de ideas de algunos grupos humanos. La astronomía no estudia ni la evolución de las ideas ni sistemas humanos, estudia objetos celestes. Por lo tanto, mal puede llamar "astronomía" a tales conocimientos, por más que rellene el campo de trascendencia del nombre con la palabra 'cultural'.

Y luego la infaltable cita de autoridad:

"De este modo la astronomía cultural es una verdadera astronomía antropológica (expresión debida al astrónomo y antropólogo Anthoni Aveni, uno de los más respetados expertos en el tema)."
Es una pena que en el proyecto SETI se esté infiltrando el irracionalismo. Pronto los que estamos donando tiempo de nuestras máquinas tal vez tengamos que arrepentirnos al ver puestos en pie de igualdad nuestros esfuerzos con el macaneo ufológico.

jueves, julio 21, 2005

Una linterna en el bosque

Esta sólo es una entrada para asentar en algún lado una metáfora que se me ocurrió mientras miraba una película de suspenso.

Por algún motivo que no acabé de entender la protagonista debía buscar una roca en un bosque que me recordó mucho al de Blair Witch. Debía hacerlo para seguir con vida luego de las 7.30 de la mañana siguiente. En el bosque sólo se veía lo que enfocaba el estrecho haz de una linterna, el resto era oscuridad y silencio, aterrador silencio. El corte entre la luz y la sombra era abrupto, como si se tratara de un láser pero de luz extremadamente blanca. La irrealidad de la imagen fue, quizá, lo que me llamó la atención he hizo que me perdiera en la metáfora que quiero comentar.

Es común leer que la verdad es imposible de alcanzar porque somos nosotros quienes construimos la realidad con nuestros prejuicios o, en todo caso, nuestra observación está sesgada por nuestros instrumentos conceptuales. En mi opinión, la cuestión de la búsqueda de la verdad se asemeja un poco a la aventura de la hermosa joven y su agónica búsqueda de la piedra mágica con la linterna.

Es cierto que sólo conoció aquellos lugares que enfocó con su luz, pero la rata muerta y el hormiguero que logró esquivar no fueron una construcción de la linterna o de su voluntad de enfocar hacia ese sector; estaban ahí antes que ella llegara y permanecieron luego que su atención se dirigió a otro lugar del tenebroso bosque.

En un momento la joven corrió con toda prisa porque creyó divisar la roca que le salvaría la vida; sin embargo, la misma luz que en un momento la había ilusionado ahora la desengañaba. A la protagonista de la historia no le hizo falta ningún instrumento nuevo para detectar su error, sólo un poco de pensamiento crítico para darse cuenta que la mole que tenía delante de sus ojos no era la que ella buscaba con desesperación. La forma -de una corona pequeña- era similar, pero debía ser de jade y no una simple piedra blanca, como la que la muchacha ahora acariciaba con sus lágrimas.

¿Y no es posible tener una linterna con luz verde? ¿No sería verde la piedra en tal caso? Claro que es posible. Y sí, la piedra sería verde, porque el color de una cosa depende de la luz con que se la enfoque. Si tiro del hilo de la metáfora, ¿no estoy reconociendo, entonces, que la realidad (la piedra) depende del marco conceptual con el que la miremos (la luz de la linterna)?. No, no lo estoy reconociendo, porque tirar del hilo hace que se corte. La metáfora deja de ser válida porque el color no es una propiedad de las piedras sino del sistema piedra-luz. En el caso del conocimiento, el hecho que dos marcos conceptuales arrojen resultados distintos sobre una misma realidad es una señal segura de que al menos uno de ellos está equivocado, no un indicador de que existen dos realidades.

Entonces ¿cuál de los marcos conceptuales es el acertado, si es que hay alguno? Es posible que con los datos que tenemos no lo podamos decidir y tengamos que esperar unos nuevos. En ciencia siempre pasa, se comparan dos teorías "rivales" con los resultados del experimento y se descarta la menos coincidente. Recordemos lo que decía Richard P. Feynman:
Si no concuerda con el experimento está mal. En esta sencilla afirmación está la clave de la ciencia. No importa cuán hermosa sea su especulación, no importa cuán inteligente sea usted, si no concuerda con el experimento está mal. Y eso es todo.
¿Qué hubiera ocurrido después de las 7.30 del día siguiente si la hermosa muchacha que buscaba la corona de jade hubiese tenido una linterna de luz verde y hubiese regresado al castillo con una piedra común y corriente en su bolsa? No me animo ni siquiera a imaginar ese final: Habría pagado con su vida el error. El hecho es que siempre es posible encontrar un nuevo método que nos indique el error ¡y no siempre es tan trágico! La muchacha de la pélícula finalmente... bueno, por todos es sabido que los finales de las películas de misterio no se cuentan.

domingo, junio 12, 2005

El postmodernismo frente a la verdad, primer acercamiento

Dicen ellos, y creo que ahí tienen un punto, que el ser humano es limitado y que para comprender el mundo que lo rodea debe "hacer recortes" por lo que inevitablemente se colará la subjetividad.

Sin embargo, el mundo no es holístico, es decir, no todo evento incide de la misma forma en cada otro. La emisión de un fotón por un átomo en Andrómeda no influye de la misma manera en los bastones y conos de mi ojos que los fotones que emite la pantalla del monitor que ahora tengo encendido delante de mi.

Hacemos recortes, sí (es inevitable a nuestra acotación espacial e histórica), pero estos recortes no se hacen por cualquier lado y de cualquier manera. El recorte es verdadero porque la realidad está objetivamente recortada.

Es cierto que tenemos visiones parciales de la realidad, pero el error puede corregirse y la vedad, nunca definitiva, puede ir alcanzándose de forma paulatina.

Voy a dedicar alguna próxima entrada para circunscribir el concepto de verdad que, según Leibniz, las hay de dos tipos: de razón y de hecho. Pero eso para más adelante.

sábado, mayo 07, 2005

Lo que no tiene es remedio

Ya era tiempo de una nueva entrada. La verdad es que InfoCiencia me lleva casi todo el tiempo-blog, pero ya vendrán épocas en las que la sosegada meditación permita una participación más fluida. En esta me gustaría preparar el concepto de "verdad" como un instrumento genérico -un peine grueso- para hacer las primeras distinciones dentro del mundo intelectual.

Para descubrir quién es quién existen criterios como la escritura latosa falsamente erudita, o textos que nos ahogan en mares de citas (por lo general de autoridad), pero me parece que tales criterios no cubren todo el abanico de pensadores. Derrida es un ejemplo pero, en contraste, Rorty o Geertz tienen escrituras claras.

La opción del desprecio o la indiferencia que tienen los postmodernos por la verdad es una característica que los reúne eficazmente. En lo poco que he leído (y sí, uno es humano y se irrita ante tanta sandez), parecen coincidir en que creen que, o bien la verdad es inalcanzable, o bien no tiene sentido alcanzarla para forjar el conocimiento.

El objetivo, entonces, es ver qué actitud toman los intelectuales frente a la verdad y separar aquellos que la desprecian de quienes la reverencian. Hecho esto, queda la parte más interesante: comprobar que los vínculos establecidos entre los del primer grupo (mediante citas, por ejemplo) son más numerosos que los establecidos entre ellos y los del segundo grupo (lo mismo puede hacerse, por supuesto, en el sentido inverso).

Si descubro tal inhomogeneidad, lo que habré descubierto es la formación de comunidades distintas, nada más, pero estaré seguro de eso -que ser científico es distinto de ser postmoderno-. Si no logro descubrir tales comunidades, bueno, mala suerte. Tal vez la técnica estuvo mal aplicada o quizá el criterio de separar por amor a la verdad no es un criterio relevante dentro de la comunidad propuesta.

Pero no sólo en la ciencia existe el amor por la verdad. También para el hombre de la calle en sus asuntos inmediatos el respeto por la verdad es supremo. Corregimos errores, huimos de los mentirosos, despreciamos a los corruptos. En nuestras vidas la verdad existe, tiene sentido y mucho valor. Así que es posible que al descubrirle una estructura a la sociedad respecto de la verdad estemos descubriendo que, en realidad, el postmodernismo es una comunidad que vive en un castillo de cristal; pero eso, por ahora, es un prejuicio.

viernes, abril 29, 2005

La senda al infierno

Pasada la erupción inicial, satisfechas las ansias inmediatas, recuperado el equilibirio, ahora viene el trabajo. El camino es claro, primero hay que determinar qué es el postmodernismo: quiénes lo integran, cómo está fragmentada la comunidad postmoderna y cuáles son los casos que están en la frontera (los que podrían ser pero no son, o los que casi casi no son postmodernos).

Luego deben encontrarse los vínculos que existen –si es que existen y en que medida– entre las distintas tendencias postmodernas y como se forman. Finalmente hay que descubrir si los vínculos entre estos fragmentos permiten identificarlos como un todo, como un movimiento, y si es así, hay que descubrir qué relaciones tiene con la sociedad que lo cobija.

Determinados los vínculos, la composición y, por lo tanto, el entorno (es decir, aquellas líneas de pensamiento que no integran el postmodernismo pero que lo influyen o que resultan modificadas por él), será más fácil responder la pregunta ¿cual es el rol específico del postmodernismo en la sociedad? (funciones exclusivas del postmodernismo).

Esto es lo que hay que hacer y tomará algún tiempo. La tarea no es fácil, porque identificar escritores posmodernistas es difícil: muchos de ellos, tal vez por presumir originalidad, niegan cualquier filiación. Sin embargo, en tanto objetos de estudio, no hay que hacer caso de su eventual protesta (salvo, claro, que sea fundada).

La senda está dibujada. Veamos como la sigo.

sábado, abril 23, 2005

Confesiones de un posmoderno

Conviene abandonar aquí todo temor; conviene que aquí termine toda cobardía. Hemos llegado al lugar donde te he dicho que verías a la dolorida gente que ha perdido el bien de la inteligencia.
Dante Alighieri, La Divina Comedia, Canto Tercero.

Tembleques engreídos, necesitamos de filosofías que cada día nos recuerden nuestra irrepetible unicidad, pero que no hacen más que disimular la terrible verdad de que no somos otra cosa que humanos simplones fabricados en serie. Todos iguales, como salidos de la misma máquina de hacer chorizos. Pero si alguien nos lo recuerda, nuestra vanidad, idéntica a millones de otras vanidades, estalla furiosa en pequeños y miserables orgullos. Las diferencias que declaramos profundas no son más que insustanciales variaciones de pensamientos revueltos con la misma cuchara.

Nos creemos agudos al criticar defectos del otro, pero lo hacemos porque está de moda y porque la corriente piensa así. Nos vanagloriamos por nadar unos instantes contra corriente, pero somos incapaces de diseñar un río nuevo. Pensamos exactamente igual que quien asentó el dogma y no tenemos facultades para modificarlo; y aunque nuestras herramientas escuálidas resultan inútiles, nuestras lenguas son afiladas. Defendemos banderas en vez de crearlas. Nuestra bitácora es rejunte acrítico de opiniones de la autoridad, y nuestra opinión, en el mejor de los casos, una síntesis. Nos creemos originales, pero no somos más que inventores de agua tibia.

No hay espontaneidad, el pensamiento original no existe, el dogmatismo abunda. ¿Y qué tal si lo que nos vienen machacando desde hace años es falso o irrelevante? No, no puede serlo, gritamos. Porque fábrica de mediocres, nuestra filosofía nos calma diciendo que todo es según el cristal con que se lo mire. Y nos adherimos al eslogan con fuerza, no porque lo hayamos descubierto justo sino porque nos evita el trabajo de pensar.

Como la senda de adecuar nuestras ideas a la realidad es ardua, nos inventamos una realidad a nuestro enano alcance y la llamamos colectivo. Y lo importante no es ya la verdad sino que el otro crea nuestras fantasías. No nos interesa la verdad y en éxtasis delirantes afirmamos que no existe. Y como la mentira es la anti-verdad deliberada, los mentirosos cuentan con nuestra obsecuencia. Además de mediocres y haraganes, también somos inmorales pragmáticos y lo mismo que un día fue verdad porque resultaba útil a nuestros fines, al otro resulta falso si nos entorpece el camino.

Como somos limitados, parcelarios, localizados y provincianos negamos la universalidad, no porque lo hayamos demostrado (no podríamos hacerlo), sino porque las autoridades intelectuales que gobiernan nuestras opiniones lo dijeron antes y nosotros somos fieles y obedientes. En realidad no podemos hacer otra cosa que estar a favor o en contra. Nuestra filosofía no nos da la libertad de elegir.

lunes, abril 18, 2005

Problemas posmodernos

Interesado por descubrir artimañas posmodernas, días atrás se me ocurrió buscar algunos datos acerca del llamado "Affaire Sokal". Es cierto que el tema no es muy actual, pero el ataque sistemático del irracionalismo va en aumento en cada nivel de la cultura y la política, así que me pareció interesante revisar el asunto para empezar por algún lado.

El "Affaire Sokal" es un río de tinta que comenzó con la publicación del artículo "Transgrediendo límites: hacia una hermenéutica transformativa de la gravedad cuántica" enviado por el físico francés Alan Sokal a la revista Social Text y termina, si es que ha terminado, con los últimos vehementes comentarios hechos por críticos de todo el mundo -tanto a favor como en contra- del libro "Imposturas Intelectuales" que Sokal escribió con el físico Jean Bricmont.

En "Transgrediendo límites..." Sokal utiliza una impenetrable jerga, que en ese contexto es pseudocientífica, a la usanza de los escritores posmodernistas. Y como ellos, tampoco dice nada en 27 páginas de texto y 12 de referencias. Pero a diferencia de los posmodernos, él no se tomó en serio su propio artículo. Su intención era ver si la revista Social Text, cuna de los Estudios Culturales, publicaba el trabajo a pesar de no tener el más mínimo sentido. El artículo apareció en el número doble 46/47 de la revista dedicado a "la guerra de las ciencias".

San Google arrojó sobre la pantalla de mi monitor una cantidad de direcciones imposibles de atender en el período de una vida humana. Así que rehice mi búsqueda anteponiendo a "Sokal" la sigla pdf. Los archivos con extensión pdf requieren el Acrobat Reader para su lectura y, por lo menos, el Corel para editarlos.

La táctica de la búsqueda era clara: reducir la cantidad de sitios y, a la vez, rescatar los artículos más serios (como todo el mundo sabe, los artículos más serios son escritos por personas que tienen acceso, por lo menos, al Corel). Sin embargo, me encontré con una reseña que hizo el abogado y filósofo argentino Enrique Marí del libro de Sokal y Bricmont, "Imposturas Intelectuales".

En su artículo, Marí pretende demostrar la "condición de autorreferencia asumida por el título" del libro. Con otras palabras, acusa de impostor a Alan Sokal quien, a su vez, había acusado de impostor al núcleo actual del posmodernismo.

Pero el abogado va más allá, denuncia a Sokal de haber actuado con mala fe. Yo no podría asegurar que no hubo mala fe en Sokal, no tuve la oportunidad de preguntárselo. Pero me parece que la acusación de Marí es irrelevante a las tesis de Sokal y Bricmont y oculta uno de los tantos problemas serios del posmodernismo.

En su artículo "Un físico experimenta con los Estudios Culturales", (del que hice una traducción) Sokal se pregunta si los editores de Social Text pudieron "realmente no haberse dado cuenta que mi artículo [Transgrediendo límites...] fue escrito como una parodia". Y creo que ahí está el nudo.

¿Cómo es posible que los editores junto a lo más granado -supongo- de esa moda intelectual en su función de árbitros, no se hayan percatado de la parodia? Aunque Marí nunca lo contesta y prefiere jugarla de víctima, supongamos que está en lo cierto y que Sokal haya actuado de mala fe. ¿Convierte esto a los editores del Social Text y a sus árbitros en personas más perspicaces? ¿Los disculpa de alguna manera?

Aunque Sokal mereciese ir a la cárcel por su horrendo acto vandálico, ¿por qué los filtros normales de una respetada revista dentro del mundillo posmodernista no pueden detener un texto que no tiene sentido alguno? ¿Les habrá pasado alguna otra vez y tampoco lo aclararon?

"Un físico experimenta..." publicado en Lingua Franca, artículo en el que Sokal aclara que todo había sido una broma, primero fue remitido a Social Text pero esta vez los editores sí lo rechazaron argumentando que el trabajo no tenía el nivel requerido para su publicación, de manera que privaron a sus lectores de una suerte de fe de erratas.

¿Hubiera sido posible la inversa? Más allá de condicionamientos morales propios, ¿Podría Marí, imitando el discurso de un físico, publicar un artículo equivalente en la Physical Review Letters o en las más populares Science o Nature? A mi me parece que no, aunque nada está dicho, porque dentro de la ciencia también hay varios ejemplos de impostura. (No obstante Marí, tal vez por no saber de ciencia o quizá porque no quiso a pesar de estar interesado, no citó ninguno de tales casos.)

Luego vienen otras acusaciones ad hominem igual de irrelevantes, tales como la de "triunfalismo epistemológico" de la que, nuevamente, no nos halaga con una definición o con una aclaración del significado.

El argumento que sigue es que Sokal se convierte en «el burlador burlado» porque no fue capaz de darse cuenta de la seriedad y complejidad que supone criticar al relativismo cultural. En este punto me dio la impresión que Marí hacía malabarismo conceptual, porque para respaldar su afirmación incluye dos citas de autoridad, una a Marcelo Dascal un "reputado filósofo" y otra a L.E. Goodman; pero no ofrece argumentos racionales. En resumen, criticar al relativismo cultural es un asunto complejo porque estos dos autores lo dicen, y sanseacabó.

Después Marí afirma que "El libro de Sokal no es sino el espejo del positivismo lógico del Círculo de Viena". Al leer una mención al positivismo lógico por parte un filósofo humanista siempre me pongo en guardia, porque la experiencia me señala (estoy cursando materias en una facultad de periodismo) que los humanistas no saben de qué hablan cuando mencionan al positivismo. Resulta ser una palabra peyorativa que en ese círculo es sinónima de "ciencias duras". En particular, Marí yerra al describir las asignaciones de significado del positivismo.

La verdad, no sé si Sokal y Bricmont son positivistas pero una lectura del libro y, sobre todo, de los artículos "Defense of a Modest Scientific Realism" (En defensa de un modesto realismo científico) y "Ciencia y Sociología de la Ciencia" (del que también hice una traducción al español) da la impresión de que sostienen las posturas del realismo científico (demasiado moderado para mi gusto) y no las del positivismo.

A pesar de todo, estoy de acuerdo con Marí en que el positivismo fue "desactivado". No tengo idea por qué lo hizo el posmodernismo, pero seguramente no por su "estrechez" ni por dejar de lado la metafísica, como asegura Marí, puesto que fue un movimiento filosófico conceptualmente mucho más rico que el posmodernismo y tenía su propia metafísica, cosa que es de dudar del posmodernismo o, al menos, del relativismo cultural.

Algunos científicos que conozco y otros que leí, rechazan el positivismo por su subjetividad intrínseca. El argumento, al que he dado un hachazo feroz, es el siguiente: Según ellos, el positivismo afirma que ninguna sentencia tiene sentido si no se refiere a algo que pueda ser medido (ppio. epistemológico) y que nada existe si no es observado (ppio. ontológico). Claro, si la observación genera la existencia, entonces debe existir algún observador para que el mundo exista. Imagino que si los posmodernistas se enterasen de estas nuevas, quizá se volverían positivistas.

Bertrand Russell se oponía a este segundo principio positivista afirmando que las galaxias existían antes que los astrónomos apareciesen y seguirán existiendo mucho después que la humanidad se extinga. Parafraseándolo, podríamos decir que las sociedades existían antes que el posmodernismo las "interpretara", pero ¿existirán despúes que esta moda intelectual por fin se termine?

Para terminar, Marí asocia subrepticiamente a la "filosofía natural" (en 1660, Newton llamaba así a la física) y las matemáticas con las bombas nucleares de Hiroshima y Nagasaki. ¿No sabe, en tanto filósofo, distinguir la ciencia básica de la tecnología y a ambas de la industria, y a las tres del poder político? ¿Fue Einstein o Truman quién decidió tirar las bombas? ¿Los motivos para masacrar a casi 200 mil personas fueron científicos o políticos?

Según los diarios (las bombas estallaron mucho antes que yo naciera) el exterminio tuvo un fin militar (es decir político), y que yo sepa en ningún lado se menciona que haya sido un experimento científico. Marí escabulle la respuesta y, muy suelto de cuerpo, agrega que la manipulación genética "pone a la humanidad en riesgo de sucumbir".

Uno se pregunta ¿qué pruebas tiene? Y ¿por qué ahorra todo comentario de los beneficios que produce la ingeniería genética (una tecnología, no una ciencia)?. Como toda actividad humana basada en conocimiento sustancial, cualquier tecnología puede resultar peligrosa; sin embargo, no es con argumentos sesgados como el pueblo adquirirá el discernimiento adecuado para controlarla.

El argumento que pretende introducir el abogado también ha sido "desactivado" desde hace tiempo por filosofías de la ciencia superiores al rejunte de frases hechas y citas a la autoridad. Pero es posible que esta noticia le haya quedado oculta tras las impenetrables murallas de palabras del posmodernismo. La otra opción, indicadora de mala fe o de impostura intelectual por parte de Marí es, sin duda, más abominable que la ignorancia.

lunes, abril 04, 2005

Bengalas

Las puertas comenzaron a cerrarse, los que estaban delante habían salido y ahora le tocaba a él. No llegaba al metro y medio, era flaquito, tenía ojos saltones y en la escuela le gustaba jugar al rango. Cuando le apretaron la cabeza contra el piso dejó de percibir la última veta de luz sobre las paredes ennegrecidas. Después, unos zapatos brillantes le aplastaron las manos y poco a poco todo se fue apagando. Pronto el salón quedó a oscuras, sólo persistieron los gritos y el olor ardiente del humo rancio. También gritó, pero las puertas no se abrieron.