sábado, octubre 15, 2005

El posmodernismo y la libertad

La libertad no es el ejercicio de lo que no está prohibido, sentenció gravemente el Soñador de universos posibles. Y cuando la clase estuvo en silencio, como si desgarrara un secreto profundo, con voz pausada pero potente agregó: La libertad está compuesta de sueños y de todas las acciones que optemos ejecutar para realizarlos.

Es por eso que la libertad no es gratuita ni está garantizada. Cada día millones de personas en todo el mundo luchan muy duro por conservarla, porque herirla de muerte cuesta muy poco: basta con cercenar la posibilidad de imaginar. La incomunicación o su expresión encubierta, la comunicación fragmentada propuesta por el posmodernismo, con su carga de brevedad, incompletitud superficial y urgente satisfacción de lo inmediato poda la arborización cultural de la gente y al diezmar ideales coartando fantasías nos convierte en personas más dependientes porque achica el futuro y cercena el campo de acción del que elegir.

La imaginación posmoderna, prisionera de un mundo artificialmente fragmentado resulta agobiada por la variedad propuesta por el Universo e incapaz de encontrarle regularidades huye atemorizada a guaridas homogéneas de aventuras sin sobresaltos. El posmodernismo, con su manojo de filosofías vulgares incapaces de explicar la riquísima variedad del mundo se consume dentro de los modestísimos límites de su lánguida imaginación. Y sin imaginación, la posmodernidad carece de las facultades necesarias para servir a la libertad del hombre.

6 comentarios:

Anónima dijo...

Me encantaría poder asistir a esas clases :)

Claudio Uribe dijo...

El Soñador sonreiría avergonzado, su piel blanca, muy blanca, se teñiría de rojo en los pómulos y detrás de las orejas y meneando levemente la cabeza se sorprendería una vez más de que alguien haya dedicado tiempo para entender y compartir un pensamiento suyo.

Anónima dijo...

"La libertad está compuesta de sueños y de todas las acciones que optemos ejecutar para realizarlos" es un pensamiento sobre el que merece la pena reflexionar.

A mi por lo menos me lo parece :)

Claudio Uribe dijo...

Si, claro. Va unido a la otra parte: Libertad no es el conjunto de acciones que otros no me prohiben, sino todas las posibilidades que tenemos de realizar los sueños.

A primera vista parece ser una sentencia individualista puesto que niega la acción de la sociedad sobre el individuo y resalta las capacidades personales; sin embargo, a poco de reflexionar uno se da cuenta que la realización de los sueños depende mucho del entorno, tanto social como natural.

También llama la atención sobre los "espejismos de libertad". Las personas con poca capacidad de soñar (ya sea por no haber tenido la oportunidad de recibir una buena educación o por cualquier otro motivo) son menos libres que aquellas con una sólida cultura, no sólo porque no tienen -tenemos- la capacidad de saber cómo realizar un sueño sino porque el menú de donde escogerlos es exiguo.

Aunque suene culturalista, pienso que el camino hacia la libertad comienza con una sólida educación.

Anónima dijo...

A mi no me pareció individualista: los sueños pueden ser individuales o colectivos. Y los sueños colectivos no dejan de ser la suma de muchos sueños individuales puestos en común, por otra parte.

Y yo debo ser muy bruta pero diría que es un hecho objetivo que sin educación no hay libertad. Como no hay libertad sin comida ni ropa ni salud ni vivienda ni trabajo.

Por eso no basta con una democracia formal para garantizar la libertad de las personas. Las democracias en que existe una pobreza tal que muchas personas no pueden ni tener sueños no pueden jactarse de ofrecer libertad a sus ciudadanos: solo ofrecen una libertad formal, totalmente hueca que los marginados no pueden aprovechar.

Por eso me indignan tanto a veces algunos escritos de Mario Vargas Llosa hablando de la democracia en América del Sur y de como basta con que sea formalmente igual a la democracia en Europa.

Claudio Uribe dijo...

Estamos de acuerdo, la educación es una condición necesaria (aunque no suficiente) de la libertad. Sin embargo, la recíproca tambien es cierta: Para que haya educación sostenible es necesaria la libertad, no pueden elaborarse planes de educación ni imaginarse maestros o profesores enseñando sin libertad. Hispanoamérica ha sufrido muchos ejemplos como para que sea necesario abundar.

La libertad y la educación forman un círculo de retroalimentación en el que si uno de los componentes falla, el otro comienza a degradarse y finalmente ambos terminan sucumbiendo.